Cabeza de venado

En las primeras lluvias de otoño aparecen pequeños animales negros, fastidiosos y adictos al olor a muerte. Una vez Camilo dijo sentirse frustrado porque era el tiempo de decir adiós. En ese momento se aterraba de contar aquel cuento perturbador que le provocaba una carga de negatividad y en sus ojos se registraba el peor acto de asesinato. Argumentaba sobre el monstruo que gobernaba el bosque, el que acechaba a sus presas provocando caos mental y existencial, aquel que se disfrazaba de gabardina, botas, sombrero y escopeta, amante de lo perverso y se apoderaba de las cabezas de sus víctimas, un ser maldito que siempre caminaba a la orilla del río con un bulto sobre su espalda, rodeado de mosquitos y moscas.

 

Fue ese 25 de septiembre cuando la oscuridad se apoderaba del atardecer y no se podía ver bien, ese hombre se acercaba a un árbol dejando caer el cuerpo envuelto de color rojo que cargaba sobre sus hombros y desprendía el más asqueroso de los olores, sonreía satisfactoriamente, mostrando la gloria del hecho, caminaba hacía la cabaña, tomando de la entrada una cabeza de venado, mientras Camilo observaba la atrocidad de ese ser infernal, al dirigir su vista hacía el campesino se escuchaban chillidos muy agudos y de un parpadeo a otro Camilo observaba la decoración de la sala, al mismo tiempo que mi cabeza era colgada junto a la suya.

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