El protagonista

¡Esto es un secuestro! Me sacó de la pantalla jalándome de las solapas de la gabardina y me metió a la fuerza al papel y a la tinta, que lo sepa el lector. Ahora quiere que siga al pie de la letra sus indicaciones, ¡se le va la pinza! Un policía no obedece órdenes de nadie, menos Jaime Peña, ¡me piro de aquí! No me arrepiento de nada, todo fue calculado fríamente, de alguna manera me tenía que vengar… fueron los causantes del accidente y aún así nos dejaron abandonados con mi mujer seriamente herida… ¿Qué no cuente al lector eso?, ¡tú no me vas a decir qué contar, pringado! Si ya estoy acá, aprovecharé la ocasión. Eso. Lo que me movió fue el dolor de perder a mi esposa, ver paralizada de miedo a mi hija, suplicar ayuda y verlos huir velozmente. Las cosas se hicieron en silencio, lo del robo del cuerpo principalmente, todo salió a la perfección. El crimen no lo cometí yo, mi mano solo movió la cuna, las apasionadas apetencias físicas del señor Ulloa fueron el motor de todo. No, no, no. No me harás hacer o decir lo que quieres, aunque me piques los ojos con la pluma, me cierres la boca con la goma.

 

Tenía un motivo para hacer lo que hice. Venganza dicen algunos, justicia lo llamo yo. No, no, no; no dejaré que tus letras sean los hilos que me muevan, que tus ideas me conduzcan como marioneta, me resisto a ser tu personaje, ¡flipas! No seré un gilipollas al que gobiernas por medio de tus letras. No me volveré el superpolicía fantasma que construiste en tu cabeza y venga los crímenes de tu sociedad, soy de verdad y habito en la película que protagonizo. A tomar por el culo, escritor cagatintas, el inspector Jaime Peña no obedece instrucciones de nadie.

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