El Principio del Fin

Era el principio del fin del mundo. Todos lo sabían. El clima era impredecible, rumores de guerra se escuchaban en cada esquina y aún así los niños y jóvenes se levantaban cada mañana para ir a la escuela, estudiando para un futuro que nunca llegaría. Los demás iban a encerrarse ocho horas en pequeñas e incómodas oficinas. Porque la vida no se detiene. Hay comida que comprar, cuentas por pagar y objetos por estrenar. Despertar. Trabajar. Comer. Dormir. Repetir. La vida no se detiene. Y es el principio del fin.

 

Ese día, mientras conducía rumbo a su casa, Sol vió cambiar el semáforo de verde a rojo y, al detener el carro, tocó la rodilla de Bruno.

— Vámonos.
— ¿Vámonos? – repitió él, mirándola aturdido, como si acabara de despertar.
— Vámonos. A donde sea. Hasta donde nos lleve el carro y después más allá.

Él la miró a los ojos y a modo de respuesta, apretó su mano.

 

Era el principio del fin.

Era sólo el principio.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *