1. Corazones Grises

Conquisté corazones grises, los planté en este jardín de flores marchitas. En primavera renacieron, bebí su sangre por las noches de verano. Sostuve cada uno de ellos con mis manos, escurrían ilusiones entre mis dedos y gozaba al sentir su dolor, era excitante. Latían sólo para mí. Me saciaba de los recuerdos, del amor y todos esos sentimientos y emociones que las personas sienten.

Busqué un corazón perfecto. Quise probar algo diferente. Deseé un descontrol en mis sentidos y así fue. Nada fue culpa de las flores, de los corazones y de mi maldito ideal. Había dejado un pasado de espectros y, así pasé a ser uno de ellos.

Esa noche, la lluvia caía tenaz sobre mi cabeza. El viento silbaba. La tempestad no se calmó. Las calles eran solitarias. Al avanzar mi dirección se tornaba oscura. A unos metros de mí se encontraba ese jardín, en medio de tanto corazón gris había uno rojo, lo levanté cuidadosamente, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo escondí bajo mi abrigo y me dediqué a averiguar de quién era.

Vagué por todo la vía láctea, me encontré una estrella a lo lejos. Bajé y el corazón palpitaba acelerado. Se veía una hermosa mujer, se envolvía en una luz dorada. Sus labios color escarlata se mostraban prohibidos pero me incitaban a besarlos. Tenía los ojos cerrados y sus manos atadas con cadenas. En su cabeza un casco trasparente que llegaba hasta el cuello. Su cuerpo estaba desnudo y flotaba dentro de una esfera de cristal. Es la mujer más hermosa que había visto en mi existencia, lo más sorprendente era el hueco que había en su pecho.

Sentía latir mi corazón acelerado, una sensación extraña en mi estómago, era un revoloteo de mariposas en él. Ese corazón se aceleraba más cada vez que me acercaba a tan más bella majestuosidad.

Quería poner el corazón en el hueco de aquella mujer, pero la esfera de cristal me lo impedía. Tuve que buscar una forma de hacerlo para despertar a magistral belleza. Es el acto de amor que no había por alguien, pero esa persona me incitaba a hacerlo, quería ayudarla y con golpes rompí la esfera de cristal. Sentí una emoción porque por fin tendría un corazón rojo que me ayudaría a aliviar mi consciencia y podría encontrar el verdadero amor.

Me acerqué a la mujer, le puse el corazón en el hueco de su pecho. No hubo ninguna reacción. Me entristecía y recordé el cuento de la princesa que era despertada por el beso de amor. La besé por unos segundos por encima del casco. Abrió los ojos. Se rompieron las cadenas de sus manos y el casco al mismo tiempo. La abracé.

Fue una sensación excitante. Fue un placer que no cualquiera podría darse. Sentí un hueco en el estómago. Y miren ahora mi corazón se encuentra en ese jardín de corazones grises mientras mi cuerpo flota en esta esfera de cristal, mi cabeza es cubierta por un casco transparente, mi cuerpo desnudo y mis manos atadas con cadenas esperando a la persona que se capaz de hacer un acto de amor viajando a través de la vía láctea.

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