Danse de mort

Hola Mary, bienvenida. Por favor toma asiento. Te agradezco que hayas aceptado mi invitación, me da gusto conocerte por fin en persona. No, en verdad el gusto es mío. Disculpa ¿quieres que te ordene un café o un té? En este lugar el olor a café es delicioso ¿no crees? Cuánto lo extrañaba; este aire puro y el olor del grano. Donde trabajo huele muy distinto. En lo que decides qué tomar, te aclaro el porqué quería reunirme contigo. Mi nombre es Emma Anna Zimmer. Tú no me conoces pero yo a ti sí. En realidad no es algo tan extraño ya que tú eres la gran Mary Wigman; pionera del baile expresionista, con escuelas en Alemania, Eslovenia y hace unos años en Nueva York. Pero eso no importa. Te conozco por otros motivos, tú y yo estamos relacionadas por un evento.

Dime si reconoces esta foto. Si, tus ojos no mienten, claro que la reconoces; es tu antiguo grupo de baile con la coreografía Danse de mort. Hace cinco años de eso. Tú sabes de lo que estoy hablando ¿verdad? Si, si lo sabes. Esta foto la he guardado todo este tiempo, es mi favorita. Es cierto, ésta no se ha publicado.

Yo conozco a Albert. Fui su asistente en aquella época. Aprendí mucho con él. No, no me refiero a la fotografía, aunque todo mundo pensaba que era un honor trabajar con el aclamado Albert Renger-Patzsch. Vaya, bueno… para mí no lo era. Solo me concentraba en hacer lo mejor posible mí trabajo. He de decir que él también hacia el suyo con gran inspiración. Seguro le has escuchado esta frase: El valor de la fotografía es la habilidad de reproducir la textura de la realidad y representar la esencia de un objeto. A cada momento expresa su canon personal. Sin duda sus fotos reflejan lo que predica. Me gusta su ideología y el compromiso con su arte. Eso es lo que aprendí de él y, eso es algo que tenemos en común. Todos somos fieles a nuestro trabajo. Todos, eso te incluye. Sé por lo que has pasado para llegar hasta donde estas ahora. Cada uno comete sus sacrificios, aunque algunos tienen la dicha de elegirlos.

Mary por favor deja de ver la foto, ni siquiera has volteado a verme. ¿Ya las contaste verdad? Once fantasmas, once sábanas, once cuerpos. Leo tu cara y sé muy bien lo que estás pensando. Tu grupo lo conformaban diez bailarinas. ¡Ah! Ahora si me ves. Escúchame. Yo estaba ahí, te digo que era la asistente de Albert. Yo le ayudé a tomar esas fotografías. Claro, por eso te busco. Por supuesto que te diré qué pasó. Es justo eso el motivo de esta reunión. Este es el evento que nos une.

Comenzaré diciendo que fue muy buena la decisión que tomaste, me refiero a la contratación de Albert para retratar a tus muertas. Si, comprendo, sé que suena muy frío decirlo de ese modo pero, yo no elegí el nombre de la coreografía. En fin. Son tiempos en que los compatriotas tenemos que unirnos. El contratarlo fue un buen gesto de nacionalismo, en especial cuando nuestro gobierno te puso condiciones para continuar con las escuelas. Ya vez que te conozco mejor de lo que crees.

Es curioso cómo el destino va uniendo los hilos de cada persona. A veces los trenza y permanecen juntos por años, a veces solo hace un pequeño nudo que rompe el trazo del hilo y crea nuevos caminos. Pero en otras ocasiones, cuando uno ya ha fijado su camino, se requiere jalar el hilo para que no se desvíe. Nuestro caso fue un nudo que se formó con esta foto. Yo no estaría donde estoy ahora si no fuera por Albert y por ti. Gracias por ello. Pero también hay algo que debes saber.

El día de la sesión de fotos Albert realizaba su trabajo, el de siempre, el de casi todos los días. Lo hacía con pasión, pero le faltaba compromiso. Estaba perdiendo su objetividad más pura, su fuerza. La muestra de ello es que publicó las otras fotos, pero ésta que ahora tienes en tus manos, ni siquiera se atrevió a revelarla él mismo. Eso me molestó demasiado, no podía creer que nuestra lucha fuera mermada por hombres como él, que no tienen el valor de respetar y aplicar su propio credo cuando sea el momento. Pobre Albert. Creo que no lleva sangre alemana en las venas. Aún siento lástima por él. No es un digno portador de nuestra raza aria. Y tú, tú te sientes agradecida por él, por lo que hizo, por la ayuda que te dio. Me queda claro que no querías despedirlas, no tenías el valor de hacerlo, pero tampoco querías que cerraran tus escuelas. Yo tensé los hilos Mary Wigman. El no hizo nada. Para eso te cité, para aclararte todo. Ese día después de terminar un rollo de fotografía tuvimos un descanso. Ahí le convencí de hacerlo. Fue tanta la rabia que me dio ver como Albert desaprovechaba tal oportunidad. Le confesé que la SS me había pedido investigarlo, tenían motivos para creer que no estaba siendo fiel a su partido. Le dije que era un marica que no se atrevía a comprometerse con su trabajo. Dónde está la textura de la realidad, dónde está la esencia del objeto, le grité. Quieres una fotografía que dure por siempre, quieres mantener el realismo en el papel, pues hazlo, muestra tu superioridad, aquí tienes enfrente a la muerte, baila con ellas, camina entre ellas y levántate sobre ellas. Enorgullece a tu sangre y a tu país. Esta es la prueba que están buscando para ver tu fidelidad al partido.

Yo las maté Mary. Les puse arsénico en sus vasos con agua. Albert solo decidió la pose, él es el onceavo fantasma. Observa de nuevo la fotografía; él, la raza aria es la única que mira de frente a la cámara, la única que vence a la muerte, la única que se mantiene de pie por sí misma sin necesidad de atriles y palos. Esa foto es mía, yo la tomé y la revelé, por eso es mi favorita, por eso la rescaté, al igual que a él y a ti. Si, escuchaste bien. Y sabes por qué, porque Albert y tú son unos cobardes, dos alemanes débiles que no siguen al Führer, que no son fieles al partido, que tambalean al momento de tomar decisiones. No son como yo, que no tiemblo para tomar acción en pro del partido, en pro de nuestra raza, de nuestra supremacía, que en vez de salir de nuestro país, me quede ahí para apoyar al III Reich trabajando en el campo de Ravensbrück sin miedo a ensuciarme las manos. Yo lo hice, yo hice el nudo que te mantuvo de pie con tus escuelas, que te salvó de la SS al igual que a Albert.

Mary, eres débil pero después de todo, con tu silencio favoreciste a la república. Aceptaste tu sacrificio. Solo quería que tuvieras esta foto para que recuerdes a tus bailarinas judías, para que dieras gracias a la nación que te dejó llegar tan lejos, para que me agradezcas el estar hoy aquí sentada en un café. Y bien. ¿Ya decidiste qué ordenar?

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