Horchata

Mi cuerpo caía del cobertizo de la alguna extraña montaña. Como grano de arena, yo era arrojada de la puerta de mi pick up. Me desperté y otro techo era el que me miraba. Note que era de la colección de los egipcios, vestida de momia y que solo los ojos no me dolían, esperé y esperé para encontrar respuesta pero ninguna noticia cayó a mis oídos, y simplemente el techo me cerró de nuevo los ojos.

Escuché el susurro de mi nombre soplado por el viento, parpadee note que usaba un vestido, me levante y mire estaba en medio del campo, camine donde había dos canastos abrazando a un árbol. Uno era de hortalizas y el otro de oleaginosas, con un poco de arroz. En la parte de atrás de ese mismo árbol estaba atado un caballo, pero de la nada se soltó y huyo.  Yo fui detrás de él. Me perdí como era de esperar, busque refugio para resguardarme en la noche, encontré la cueva de Batman y otra de un oso, ninguna era la mía, bah. No me resigne y como ricitos de oro encontré mi pseudo-cueva. Hastiada y confusa solo decidí dormí. Me despertó el hambre, mi estómago gritaba más que mi madre, observe que estaba en medio del mar, pensé en el kayak o en nadar para encontrar un lugar que mis pies pudieran tocar. Pero ni sabía dónde estaba. Azarada de la situación, esperanzas sueltas, cayeron al soltar la cuerda dije. Justo en ese momento, creí entender el juego y cerré los ojos de nuevo y así fue. Ahora estaba en la vía láctea flotando, enseguida vi una motoneta y acelere en ella. Los planetas eran los semáforos, pero todo giraba, me aburrí a la cuarta vuelta, la apague me acosté arriba del sol y continúe. Abría y cerraba los ojos parecía un control remoto, surfeaba en mis países bajos.  Pare, hasta que reconocí algo familiar la casa del abuelo, ahí decidí quedarme al fin, vi familiares y conocidos bebiendo y comiendo. Intente saludar, pero no podía ni pronunciar alguna vocal, hablaba en puntos suspensivos.  Sabía bien que alguien me perseguía, porque en ningún lugar me podía quedar y solo quería hacerme cenizas. Solo cerré los ojos pero todo era de nuevo blanco como desde un inicio.  Pensé, mi esclera quizás, pero escuche voces que se cosechaban en otros labios, que repetían con frecuencia: -Despierta, Despierta, Despierta, como una canción sin muletas. Pero, ¿cuántas veces yo ya no había abierto los ojos?                                  Empezaron entonces los olores de la comida, que me hacían sacudir las uñas y bailar los pulgares; la música y las risas, movían mis pies. Pero yo estaba eternamente dormida, yo estaba en coma.  La hoja en blanco de mis ojos se humedeció lentamente.  Cerré los ojos y la vista ya era más que oscura. (Y, no era una semilla tapándome la vista. Esa fue la última Mona Lisa. Cuando el arroz se fue al rio)

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