1. Serch “El Comunista”.

Primer Acto

Bullicio callejero; mientras las vecinas comentaban sobre el caso más sonado en el Pueblo de Santo Petitorio. Dos mujeres se encontraban sentadas en bancos color café mientras pasaba la gente.

Herminia. –El que busca la verdad, tiene el riesgo de encontrarla. Hace unos días vino un hombre muy galante, preguntó por el comunista. De seguro ya regresó a las andadas. (Asintiendo la cabeza.)

Meche. (Severamente.) –Ha de tener pacto con el diablo. Le pasan cosas extrañas y nadie sabe qué. (Se cubre con el reboso.) –Lo buscan hombres de otros lugares. Nadie sabe lo qué esconde, vecina.

Herminia. –Pues fíjese que nadie sabe de dónde viene ni a dónde va. Nadie conoce a su familia, se sabe que sólo tuvo chilpayates por todo el pueblo. Los tuvo con mujeres de la mala vida. Dios nos agarre confesados. (Persignándose.)

Meche. –Andan diciendo que el comunista era un pobre. Su papacito un golpeador y borracho. Dicen que molía a golpes a la esposa y que ella murió del puritito dolor, que porque el señor ese, se fue por unos cigarros y nunca más volvió.

Herminia y Meche. (Persignándose.) –Dios la tenga en su Santa Gloria.

Herminia. –Fíjese, Meche. El “Sest” tuvo muchas mujeres. (Acercándose al oído de Meche y susurrando.) –Las dejó cargadas y se iba con otras, ya ve cómo son los de la Ciudad de Sodoma. (Risueña.) –Gente libertina, sirvientes del mal… Dicen que enamoró a una chiquilla de sociedad, una tal Julieta, después le enseñó que los placeres del vicio.

Meche. (Sorprendida.) – ¿La enseñó a tomar vino?

Herminia. -¡No! Los placeres del vicio. A andar de callejera.

Meche. (Interrumpiendo y moviendo la cabeza a los lados.) -¡No! Él estuvo con una Justina, le mostró los infortunios de la virtud. (Sarcástica) –Ahora falta que la parta un rayo.

Herminia. (Levantándose del banco) –Caminemos a la Iglesia y oremos por esas almas en desgracia.

Meche. –Vamos, vecina.

(Se encaminaron hacia la Iglesia)

Segundo Acto

El Jardín del Pueblo de Santo Petitorio, colorido y con flores de diversos colores. Frente a él la Iglesia con adornos de festividad del Santo Patrono del lugar. En la entrada seguían aquellas mujeres comentando sobre El Serch, “El Comunista”.

Herminia. –El “Sest” no era tan malo. Sólo que conoció a una satanasa que se fue con otro de muchísimo dinero. Esa hembra fue mala, le gustaba lo mejor y pues se fue con uno de Sodoma. ¿Cómo ve? Él era un hombre muy atractivo, bien parecido y apuesto, y todo se fue a un carajo por ella que le juró tantísimo amor. (Moviendo la cabeza hacia los lados.) –Sabe, una vez me vi obligada por el chanclotas a ver al “Sest” así como diosito lo trajo al mundo cuando se bañaba en el río. (Ruborizada.) –Pero no piense mal. Ya me confesé con el Padrecito José, me hizo rezar el Ave María diez veces.

Meche. (Inclinándose) –Se hubiera metido con él al río. (Herminia se queda estupefacta y pelando los ojos.) –Es natural, usted necesitada, ¿qué más da que se haya metido con ese hombre? No desaproveche las oportunidades. (Coqueta.)

Herminia. (Nerviosa.) -¡No! ¿Cómo cree que yo haría eso? Es como hincarse ante el diablo. ¡Ay Dios me socorra y abra las siete puertas del cielo para recibirme en su Gloria! (Juntando las manos y orando.) –Me cortaría las piernas, la cabeza y me lanzaría como los puercos al río después de haberse robado mi inocencia. Todos en el pueblo me verían como Dios me trajo en vestido de Eva.

Herminia y Meche. –Dios nos socorra y nos libre de toda tentación, Amén.

(Entraron un par de horas a la Iglesia)

Al término de la misa. Las amigas se dirigieron a la salida y se toparon con Tomasa.

Tomasa. –¡Hola, vecinas! (En tono de intriga.) -¿Escucharon sobre los rumores del comunitario?

Meche. -¡No! (Indignada.) –Nosotras no somos de esas chismosas. (Tartamudeando.) -¿Qué se ha dicho?

Tomasa. (Tomando del brazo a las mujeres y caminando por el jardín) –No es por ser metiche. Andan hablando las urracas que el comunitario mató a tres policías y escapó como si nada. Bien dicen: “No hay mal, que por bien no venga” se fue a la Ciudad de Sodoma para quedarse allá. Así que estamos a salvo. ¡Gloria a Dios!

Herminia. (Molesta) -¡Maldito sea!… ¡Ay Dios me perdone! Pero ese es perverso como el chamuco. Desde que conoció al Marqués de Sade se la pasa diciendo “El verdadero placer, es aquel que provoca el dolor”. Está loco el hombre, así quedan de tanta maldad

(Tomasa pellizcaba a Meche mientras le sonreía a Herminia)

Meche. (Gritando) -¡Ay! ¿Qué le pasa a usted?

Tomasa. (Burlesca) –Quería producirle placer. No escandalice.

Meche. (Enojada) –Los pellizcos no producen placer.

Tomasa. (Sonriendo.) -¿Qué esperaba, que la pellizcara el comunitario? Y luego que ese hombre tiene unos dedotes. Me han contado.

Meche. (Sonrojada.) – ¡Cállese libertina! Luego no se queje. Síganos contando. No es que sea chismosa, pero ya ve lo que dicen: “Mujer precavida, vale por dos”.

Herminia. –Más bien: “Pueblo chico, infierno grande”.

Tomasa. –Tienen razón. Oí que del otro lado del pueblo está el hombre galante que preguntó por el comunitario. Que lo anda buscando. De seguro es uno de sus amigotes. Ya ven que él, tiene vacas y cerdos como para darle de comer a los pobres y miserables del pueblo durante años.

Herminia y Meche. (Persignándose) –Dios socorra a los pobres y miserables del pueblo. “Santo Petitorio te suplicamos por aquellos muertos de hambre”

Herminia. –Vayamos con Doña Chona. Ella ha de saber más cosas. Ya ven que es la chismosa del Pueblo y se mete en lo que no le importa. Lleguemos a su puesto en el mercado.

(Se encaminaron las mujeres al Mercado del Pueblo de Santo Petitorio).

Tercer Acto

Bullicio en el mercado. Hombres y mujeres ofreciendo los productos que venden. Aquellas mujeres se acercaron a un puesto de verduras y abordaron a Doña Chona.

Herminia. –Buenas Chonita. (Sonriendo.) -¿Cómo va el changarro?

Doña Chona. (Suspirando) –Dios me las socorra almas caritativas. Aquí andamos con el Jesús en la boca.

Herminia. (Interrumpiendo) -¿Por qué? Cuéntenos nosotras no sabemos nada. Ya ve que no somos chismosas como las de aquí del mercado.

Doña Chona. –Pues ya ve cómo son las chismosas del pueblo, inventan cosas y vienen a preguntarle a una como si fuéramos mitoteras. Pero déjenme que les diga, vino Toñita la de la esquina. Me dijo que llevó un encargó a la casona del otro lado del río, allá en el otro pueblo y escuchó al hombre galante hablando con el dueño.

(Conversación del Hombre Galante y el Dueño de la casona, se encontraban en la sala sentados en dos sillones rústicos)

Hombre Galante. (Severo y seguro) –Tenemos conocimiento sobre El Serch “El Comunista”. De buena fuente sabemos que él trabajó en sus negocios. Rescatamos escasa información y cabe resaltar que fue un fiel del Marqués de Sade en la escuela del libertinaje, sabemos que aprendió infinitas formas de tortura física, psicológica y sexual. Esclavizó mujeres sobre todo prostitutas. (Moviendo la cabeza.) –Por lo que conozco una mujer de nombre “Teresa” lo engañó con otro hombre. (El Dueño de la casona prestaba atención y sonreía.) –En una investigación exhaustiva, encontramos cinco mujeres abusadas física y sexualmente, sin piernas y sin cabeza, los cuerpos se encontraron en el río, totalmente desnudos. Este hombre fue aprehendido un par de veces, logrando escapar. Se me fue encomendado el caso, vengo del Pueblo de Diosdado. Tengo un par de fotos. (Mostrándolas.) –Si observa, son dos personas diferentes. (Asintió con la cabeza aquel hombre entrevistado). –Dicen que adopta distintas personalidades  y tiene varios disfraces para lograr escabullirse, lo cual hace más complicado arrestarlo. Acudo a usted porque la gente del pueblo argumenta que nos puede proporcionar información o tiene conocimiento sobre el paradero del Serch.

Dueño de la casona. (Quitándose la gabardina y sombrero) Mire usted. Yo no sé nada de ese hombre. Aquí en el Pueblo las viejas son muy chismosas, no saben que inventar. Yo soy un pobre hombre enfermo y consumido por los años de trabajo duro. No soy su amigo ni mucho menos. En verdad deseo que lo arresten. (Moviendo la cabeza hacia los lados mientras deja su sombrero y gabardina en un mueble viejo.) –En lo que concuerdo con ese hombre es que las mujeres son una aberración, son inútiles, lo único para lo que sirven es para complacer al hombre y cuidar crías. (Burlesco.) –El Marqués de Sade, es el padre del vicio y fundador de la escuela del Libertinaje. Reconozco que tiene ideas extrañas, pero, hay cosas que la sociedad no entiende por la doble moral y los valores mal infundado. (El hombre galante prestaba atención un tanto nervioso.) –Lo que le puedo decir y eso porque lo he escuchado es que El Serch odia a los entrometidos y más cuando se trata de sus negocios. Él tiene presente el valor de las cosas, la vida y sobretodo el placer más puro a través del dolor. El comunista detesta sobre todo cuando preguntan su nombre. (Frunciendo el ceño.) –Les dispara en la frente y después con un hacha corta las extremidades de aquel que lo reta con esa pregunta.

Hombre Galante. (Interrumpiendo.) –Disculpe a todo esto. ¿Conoce el verdadero nombre del Serch?

Dueño de la Casona. (Se pone de pie, saca una pistola del bolsillo trasero de su pantalón.) –Mi nombre es Sergio Martínez. (Dispara en la frente de aquel hombre)

(Conversación de las mujeres en el Mercado mientras ponen caras de sorprendidas y persignándose al mismo tiempo.)

Doña Chona. –Así murió aquel infeliz por meterse en donde no debía. ¡Dios lo tenga en su Gloria Celestial!

Herminia. –El “Sest” ha de estar poseído por el chanclotas. Espero no se aparezca nunca más. Sabemos que tiene ganado el infierno pero en lo que llega su hora, que Dios nos socorra.

Meche. –Ese hombre es malo. Que la Virgen de Guadalupe nos proteja con su manto Celestial y nos proteja de aquellos seres malditos que abundan en la tierra.

Tomasa. (Nerviosa.) –Lo mejor sería que se muriera allá por el otro lado del río y que se lo traguen los perros. Vayamos con el Padre José a rezar.

(Entra un hombre desconocido tomando una naranja en su mano derecha y argumentando.)

Desconocido. (Burlesco.) –Buenas las tengan, viejas chismosas. Deberían de estar con sus hombres dándoles de tragar. (Irónico) -¡Ah! Se me olvidaba ustedes son unas cotorras.

Doña Chona. (Nerviosa.) –Buenas Serch, Dios me lo socorra.

(FIN)

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