Crápula

El editor fue claro, más que perfil quería un dato biográfico raro, algo que no fuera de dominio popular. Se la jugaría dándole un espacio en la contraportada de la edición dominical, sería el despegue de la sección cultural y de mi carrera dentro del periódico. El problema de escribir la biografía de René Crápula es que todavía no se moría. Ser el rockstar de las letras mexicanas ayudaba, pero no era suficiente. Lo primero que hice fue buscar en Internet sus datos biográficos, todos los sitios aportaban la misma información: había nacido en Aguascalientes en 1978, segundo de cuatro hijos de un matrimonio formado por un doctor y una maestra, alumno de aprovechamiento regular en toda su trayectoria escolar con algunos problemas de comportamiento; lector voraz, admirador de los vampiros y la literatura gótica reseñaban su niñez y adolescencia. Los mismos sitios no especificaban qué y cuándo había empezado a escribir, resaltaban el despegue de su carrera a partir de obtener algunos de los premios de cuentos más renombrados del país. Había renovado el lenguaje artístico, resignificó la narrativa contemporánea. Recién entrado a los cuarenta es referente de una nueva generación de escritores que vomitan sobre sus antecesores… nada y nadie después de Rulfo y hasta nosotros, sostenía el manifiesto de su grupo literario… Crápula era la novela que consagró a René como escritor y bla, bla, bla… continuaba la reseña biográfica.

Crápula había enviado a Diablo guardián al segundo escaño de la lista de las novelas más vendidas en México, el fenómeno de ventas había convertido a René en un escritor leído por la masa, alumnos de secundarias, preparatorias, bachilleratos y universidades, lectores consuetudinarios y ávidos; hasta los que nunca habían leído se entusiasmaban con su novela; se veía esta bajo el brazo de cualquier persona, hasta los que imprimían libros piratas querían premiarlo por las altas ventas; desde ahí el imaginario colectivo le cambió su apellido paterno y lo bautizó como René Crápula.

Escribí a la editorial para pedirle una entrevista, me batearon con su agente literario. El agente literario hizo lo mismo en la primera oportunidad, dos strikes. No tenía más opción que buscarlo en alguna presentación de su libro y abordarlo. Un viaje en metro para atravesar la ciudad y llegar hasta Santa Fe, los fifís también era fans de Crápula. En el presídium René leía el primer capítulo de su libro, expectación y silencio mezclados para escuchar a la nueva pluma consagrada de las letras mexicanas.

Cuando terminó de leer, el aplauso atronador rompió el silencio, René con su tesoro en las manos, solo asentía en forma de agradecimiento. De inmediato las jóvenes que estaban en primera fila se abalanzaron para ser las primeras en tomarse una fotografía y les firmara su libro. Los flashes de los celulares no descomponían el semblante pálido e imperturbable del escritor.

Compré un ejemplar, me formé para que me lo firmara. Llegó mi turno, le extendí el libro; dedicado para mí por favor, ¿Cuál es tu nombre? soltó con voz cavernosa, Ernesto Crápula contesté. René levantó la mirada y sus ojos morados se clavaron en los míos. No mames, ¡¿te llamas así?! Levanté los hombros en señal de indiferencia. Si me regalas una entrevista te cuento el origen de mi nombre. René volvió a mirarme fijamente. Búscame cuando termine el evento.

Mentí para sacarte una entrevista, me llamo Ernesto, pero no Crápula le dije con tono nervioso antes de empinarme y vaciar mi vaso de ron. René hizo una mueca y sorbió su vermut. Me gustan los hijos de perra que se atreven a perseguir sus objetivos, ¿qué quieres saber? Algo que no se haya dicho de ti, todas tus biografías públicas dicen lo mismo; puras patrañas, me interrumpió. Te voy a contar la verdad. Vació su vaso de vermut y pidió otro.

Desde niño me gustó leer y escribir… amé a mi madre y quise mucho a mi padre y mis hermanos… nunca me gustó la escuela… me gusta el futbol… me caga la gente… me encantan las mujeres… solo me he enamorado una vez… la noche con luna llena y los moteles son mi hábitat natural… disfruto las presentaciones de mis libros, pero me jode firmarlos… alguna vez fui a Cómala y encontré a Pedro Páramo… escribo cuando me dan ganas… no tengo un método para escribir, solo lo hago, la historia sale de observar, todo es susceptible de escribir, solo que hay que saberlo contar… Rulfo, Tario, Ibargüengoitia, Fuentes, Arreola, Pacheco, Novo, del Paso, Leñero, Serna, Garro, Revueltas, Pitol, Beltrán, Lavín, Castellanos, ¡puras plumas brillantes!… tengo muchos cuentos inéditos… Crápula no está basada en mí, aunque la gente piense lo contrario… vivo bien de las ventas de mis libros…me gustaría escribir poesía pero es un arte mayor… vivir de escribir es un placer y el dinero más fácil que he ganado en la vida… con el gobierno nada, ni de derechas ni de izquierdas, más bien de la orden de la pluma… me quemé toda la lana de mi primer premio literario en un congal, me puse hasta la madre, ahí conocí a una mujer que me mordió mientras cogíamos, a la siguiente luna llena me puse a aullar y aullar desde la ventana de mi departamento.

Cuando el editor leyó mi artículo sobre René me mandó llamar, los hombres lobos no existen me gritaba furibundo mientras me aventaba las hojas en la cara, me senté frente de él y empecé a escuchar su monserga… bla, bla, bla, bla, blá… de un salto lo derribé y le encajé los colmillos en el cuello. Justo el mismo movimiento sorpresivo que hizo René antes de morderme, después que exclamé que los licántropos eran un mito.

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