Me quiero quedar contigo

Estas solo en el patio. La horda viene por ti. Sus ojos demuestran furia y hambre. Sigues adelante, te aproximas al castillo. Escuchas más claro sus gruñidos. Por fin llegas a la puerta, notas que esta entreabierta, tiene el pomo manchado de sangre. Dudas un momento, no sabes si es más seguro adentro. Alguien toca su hombro. Noé se sobresalta un instante. Despierta con mirada borrosa y descubre la silueta de alguien parado justo a un lado suyo. Siente escalofríos. Abre bien los ojos para reconocer el cuerpo. Su corazón late con fuerza.

— Hija. ¿Qué pasó?

Lucy permanece inmóvil sin dar respuesta.

— ¿Quieres ir al baño? Vamos si quieres.

Su hija no responde.

— ¿Lucy?

— ¿Me… me puedo quedar a dormir contigo? —responde Lucy con voz pequeña y temblorosa.

— ¿Qué no ya estabas aquí dormida? —pregunta extrañado— Igual y solo lo soñé.

— … solo quiero estar contigo.

— Eh, claro. Claro hija. Ven.

Por el tono en que habla su hija y la mirada inexpresiva, comprende que Lucy también tuvo una pesadilla. Pensó en preguntarle sobre el sueño, pero decidió no hacerlo para no recordarle aquello que la alteró. Se recorre en el colchón para dejarle espacio y levanta las cobijas. Ella tímida entra y se acuesta pegada a él. Noé observa un momento la puerta del cuarto, la luz del pasillo entra un poco en la recámara. Su hija le pidió que la dejara siempre encendida, en el fondo el también prefiere que así sea. Respira profundo y se acomoda en la cama. Intenta dormir pero siente la necesidad de levantarse.

Al regresar del baño ve el reloj despertador; son las tres de la mañana. Hace una pequeña mueca. Ya lo presentía, últimamente se ha despertado a la misma hora. Prefiere no pensar en ello. Con cuidado se recuesta y abraza a su hija, ella se acurruca y le dice adormilada “te quiero”. Él responde dándole un beso en la cabeza. Espera conciliar pronto el sueño.

Te despiertas sobresaltado con respiración entrecortada. Sientes las manos frías e intuyes tu rostro pálido. Tratas de calmarte. Reconoces la habitación; el poster del espacio y sus planetas, el pizarrón, el peluche de dinosaurio acompañándote, y te relajas. Piensas en aquel castillo perdido en el bosque. Sabes que solo fue un mal sueño. Te preguntas de dónde salió la imagen y culpas a tu hermano por contarte historias de miedo antes de dormir. Escuchas su respiración debajo de la litera y te molesta que él pueda dormir tan profundo.

Sientes ganas de ir al baño, pero no quieres ir solo. Recuerdas lo que tú hermano te contó sobre las cosas que pasan a las tres de la mañana. No quieres saber la hora. Decides quedarte acostado e intentar dormir. Das vueltas entre las sábanas, pero la respiración de la cama de abajo y las ganas de ir al baño no te dejan conciliar el sueño. Resignado, bajas de la litera. Ves a tu hermano cubierto por completo en cobijas. Su respiración es pesada. Lees la frase escrita en el pizarrón: “Los quiero mucho”. Decides ir con papá. Al caminar a la puerta, la luz del pasillo parpadea. Frenas en seco y retrocedes. Te afianzas de la cama. La luz continúa parpadeando. Sin dejar de ver la puerta, palpas las cobijas en busca de tu hermano.

¿Noé, estás despierto? —escuchas su voz que proviene de otra dirección.

Volteas y hay otra cama opuesta a la que estas tocando. Tu hermano mira detrás de tu espalda. El bulto junto a ti se mueve.

Un roce en el hombro lo despierta. Noé ligado aún con el mal sueño se pregunta si lo que sintió es real. Continua el mareo pesado del cansancio, apenas puede entreabrir los ojos. Observa la silueta de una niña frente él. Se relaja al saber que es Lucy. No es la primera vez que llega en la madrugada a despertarlo. Cierra los ojos.

— Hola hija, que pasó. —pregunta Noé adormilado— ¿quieres ir al baño?

— Me quiero quedar contigo papi.

Él tiene mucho sueño, pero intenta moverse para dejarle espacio a su hija. Al hacerlo advierte un peso en el brazo. Abre los ojos y encuentra a una niña en brazos de él, ella está acurrucada dándole la espalda.

—Me quiero quedar contigo papi. —repite Lucy parada a un lado de la cama.

Un brote de adrenalina lo despierta por completo. Levanta la cabeza para ver bien a su hija; ella está en sus brazos y de pie frente a él.

— ¿Quién es ella papá? —pregunta la niña acostada.

Noé cree que sigue soñando e intenta reconocer la habitación. Al voltear a la salida del cuarto se ve a sí mismo caminando al baño, cruzando el vórtice de la puerta, atravesando el cuerpo de otra niña que espera su turno. Siente de nuevo un roce en el hombro.

— Me quiero quedar contigo. —dice su hija.

A un lado de ella, el reloj despertador marca las tres en punto.

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