#bodyPositive

Todo empezó con un botón. El maldito botón que se escapaba a cada intento de abrochar el único pantalón que me quedaba. Después fue mi playera favorita, la que siempre se veía bien aún después de una tarde de pizza, las mangas cortaban la circulación de mis brazos a cada movimiento. Me miré en el espejo, observé cada lonja desbordándose de mi ropa, y lo supe: hasta aquí llegaba mi vida social. Bueno, si tuviera alguna. Mis redes eran seguidas por tres bots, un despistado y una ex compañera de la primaria, con la que no he hablado desde hace más de seis años.

.

En apenas un par de meses tuve que empezar a vestirme con la ropa de mi mamá, parecía una pesadilla, era imposible subir de peso tan rápido que ni mi clóset pudiera seguirle el paso. Nunca he sido una glotona; como ensalada diariamente, claro, a veces acompañada de una hamburguesa, pero eso es más bien un gusto ocasional; tomo dos litros de agua con mayor devoción de la que alguna vez he ido a misa; siempre he tenido mi panza, sí, y estos rollos molestos que se asoman cada que me siento, pero nada más, nada que el outfit adecuado no pueda ocultar. Deprimida me arranqué la blusa de señora, y con el pantalón abierto me eché en la cama a picar mi dolor con fotos de modelos que sigo en internet. Era tan efectivo que podía sentir mi gordura crecer con cada deslizar del teléfono. Entonces, por error, entré a mi propio perfil y me topé de frente con la última fotografía que había subido. Mis brazos flácidos intentaban cubrir mi estómago abultado, no lo lograron, pero me sorprendí a mí misma extrañando ese cuerpo que antes odiaba tanto, al que ocasionalmente castigaba con dietas ridículas y rutinas de ejercicio imposible. Envidiaba mi propio cuerpo.

“Envidio mi propio cuerpo”, ese pensamiento fue toda una revelación a mis diecinueve años. Volví a pararme frente al espejo. Mi reflejo, el de una joven a la que la talla extra grande le dejaba marcas en la piel. Miré mi rostro, se veía demacrado, los cachetes colgaban en una mueca de enojo contra el mundo. Lo que daría por regresar al cuerpo que odiaba ¿eso significa que algún día extrañaré este? ¿Con todo y cada uno de sus rollos?

Me sonreí a mí misma y el efecto fue inmediato, los cachetes se alzaron, la mirada brilló, incluso mi espalda se enderezó. Volví a ponerme la blusa, la acomodé para que el estilo de mi madre quedará oculto entre mis pliegues y descubrí que al menos el sobrepeso había traído consigo unas bubis increíbles. Me tomé una selfie, bueno, tomé varias selfies y tras elegir una, la publiqué: “Esto es lo que soy #cuerpodeverano #inspiración #bodypositive #meamo.”

.

¡Al día siguiente parecía que mi teléfono estallaba! Mi fotografía tenía más de cuatrocientos me gusta y tantos mensajes de apoyo: “Gracias por esto, lo necesitaba”, “Eres hermosa”, “¡Me identifico taaaanto!”, “¡Esto es lo que necesitamos! Gente real, gente bella, ¡gracias!”. Un rush de emoción me recorrió toda, era obvio que había elegido el camino correcto y el mundo lo veía. Ese mismo día hice lo que me había negado las últimas semanas, fui a una tienda de tallas especiales y compré un guardarropa nuevo para la nueva yo. Incluso tomé otra fotografía en el probador y la subí casi de inmediato: “Somos suficiente. #inspiración #bodypositive #amorpropio.”

El tiempo pareció volar a partir de ese momento, pase de cinco seguidores a novecientos ¡en tan sólo una semana! Empecé a publicar más fotografías, incluso videos, y mi audiencia aumentó. En un año obtuve 249 mil seguidores y ahora me reconocían como una influencer del cuerpo positivo. Marcas reconocidas me regalaban maquillaje y accesorios para que los mencionara en mi cuenta, me reconocían en la calle y cada día recibía miles de mensajes de las chicas a las que había ayudado en su auto aceptación. Era gorda y orgullosa. Nunca me había sentido mejor.

.

Fue entonces cuando empezaron los dolores de cabeza, seguramente debido al estrés, después de todo había encontrado un trabajo de tiempo completo sin siquiera buscarlo; cuando me quejé de dolores musculares mi mamá comentó que debería ir al doctor. Honestamente, la ignoré, no era nada que me impidiera salir de fiesta o publicar un nuevo video. Pero cuando me faltó la energía y aparecieron moretones de golpes inexistentes, mi madre me llevó al médico y no se lo impedí. Una visita no fue suficiente, me pidieron diversos estudios y en cuestión de días mi vida cambió.

El doctor me miraba a los ojos cuando nos dio el resultado: “Tienes un tumor.” Mamá tomó mi mano mientras continuaba la explicación, mencionó el cerebro, ¿la hipófisis creo?, lo que explicaba el repentino aumento de peso, los dolores, incluso los recientes cambios de humor. El miedo me invadió, mi vista se nubló y dejé de escuchar. Tuvieron que sacudirme para recuperar mi atención. “Será una cirugía relativamente sencilla, descanso un par de semanas y estarás como nueva.”

.

Mi padre estuvo de acuerdo en operarme lo más pronto posible y apenas tuve tiempo de avisarle a mis seguidores que me sometería a una intervención quirúrgica. Sus besos virtuales y buenos deseos me dieron el valor que necesitaba.

El doctor decía la verdad, la operación de tres horas fue sólo una siesta para mí y pasé la recuperación siendo consentida por mi familia y descansando en casa. Mi energía se recuperó de inmediato y los moretones empezaron a desaparecer.

Cuando por fin me sentí lista para mi regreso, lo hice con una video historia, me maquillé y puse mi vestido favorito; noté que no me ajustaba como recordaba, pero aún marcaba todas las curvas correctas. Mis admiradores saludaban como si me hubiera ausentado por años, y en realidad, tal vez así fue, después de todo el internet tiene su propio tiempo y todos existimos a través de nuestras actualizaciones.

.

Viví con un tumor por más de un año sin saberlo, ahora que no lo tenía, todo era diferente; las jaquecas desaparecieron, al igual que los arranques emocionales de los que culpé al estrés y el dolor se había ido por completo. Pero había otra consecuencia, los kilos extra también desaparecían. Aún con el nulo ejercicio que hacía, perdí diez kilos las primeras semanas de recuperación. Cuando perdí otros siete la ropa se empezó a colgar como si yo fuera un perchero mal hecho. Y mi público reaccionó.

“Les dije que se había hecho la lipo”, “Te seguía porque me reflejaba en ti, ahora te estás convirtiendo en una más”, “¿Dónde está el ‘amo a mi cuerpo’ y blablabla?”. Traté de ignorarlos, las redes están llenas de haters y siempre habrá un troll escondido en los comentarios. Pero cada fotografía nueva les parecía una ofensa y cada nuevo comentario era peor que el anterior: “Eres una perra mentirosa, nos engañaste”, “¿Cuánto te pagaron por kilo?”, “Estúpida anoréxica, ojala te mueras de hambre”.

A tan sólo dos meses de la cirugía, tenía una salud perfecta, ropa que se me caía de lo grande y una lista de seguidores que disminuía por cientos cada día. Elegir la foto correcta se convirtió en una tortura, siempre buscando la pose que sacará mis lonjas, fingiendo que mi carne no se extinguía frente a mí.

Cuando todo parecía perdido, tuve un nuevo chispazo de inspiración, casi tan brillante como el que me había hecho famosa. Era completamente opuesto, pero comprobado por años de dietas mágicas y pastillas milagrosas. Tenía que comer.

.

Funcionó, recuperé mi audiencia y aún más. Así fue que comer se convirtió en parte esencial de mi trabajo, como lo era cada rollo y pliegue de piel. Aprender a comer para engordar es difícil, al principio vomitaba por tragar demás y entonces debía consumir el doble. Resulta que la cantidad no es suficiente para ganar peso, sino los alimentos y los tiempos. Como ahora, el reloj marca las 2:46 de la mañana y aunque lo único que quiero es dormir, aquí estoy; sentada en la mesa de la cocina a obscuras, comiendo medio pastel de chocolate, acompañado de un vaso con leche. De pronto la pantalla del teléfono celular ilumina el cuarto con nuevas notificaciones. 1,241, comentarios; 197,805 me gusta.

Suspiro satisfecha.

.

Un comentario

  1. Pingback: Entrega de mayo en 7NN – Quetzilla

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *