Por favor grita

Hola, me alegra que hayas despertado. Pensé que estarías inconsciente por más tiempo. Eso afectaría todo mi ritmo de trabajo y odio retrasarme. No te imaginas el esfuerzo realizado para llegar hasta donde estoy ahora. Por supuesto que con tu ayuda podré seguir avanzando. Verás que todo esto no es en vano. Es muy importante que estés aquí. Antes de comenzar necesito es que estés relajado y me escuches. Quiero que conozcas de donde surge mi trabajo, que dimensiones lo valioso de tu participación y me ayudes mejor con la investigación.

            Mi madre ha muerto, pero me dejó un gran legado y espero alguna vez enorgullecerla. Ella tenía muy claro lo que quería hacer de su vida. Luchó muchos años para conseguirlo. Tuvo una infancia complicada; a los siete años le diagnosticaron el síndrome de Turner. Es una deficiencia genética que afecta solo a mujeres. Te explico: todos los seres humanos tenemos cuarenta y seis cromosomas, dos de ellos definen el sexo; XY para hombres, XX para mujeres. Pues bien, el síndrome de Turner se refiere a la ausencia total o parcial de uno de los cromosomas X en las mujeres. Esto provoca la falta de desarrollo sexual primario y secundario. Mi madre no se desarrolló igual que todas sus amigas; nunca tuvo pubertad y fue de estatura pequeña. A muy temprana edad soportó las miradas de toda la gente, sus comentarios, su incomprensión, su menosprecio o su falsa compasión y, los cuidados excesivos de sus padres. Creo que justo eso la forjó y le dio la convicción de lograr algo importante en su vida. Se convirtió en una mujer especial y única. Única porque cualquier otra deficiencia del ADN sería letal. Única porque en su caso, algunas células sí presentaban los dos cromosomas XX y otras no. Única porque no ha existió otra mujer con síndrome de Turner que haya logrado un doctorado, con especialidad en trastornos hereditarios o anomalías genéticas.

Aunque mi madre no pudiera tener hijos encontró a un compañero de vida. Se casaron y decidieron adoptar. Viajaron hasta china por mí. Por su hija especial y única como ella, con el mismo síndrome de Turner. Ella siempre decía que yo era su mayor logro. Con el tiempo comprendí lo que eso significaba.

Ante los medios de comunicación la doctora Catherine era la gran investigadora de los trastornos genéticos. Con un amor tan grande que adoptó a una bebita con el mismo síndrome que ella, para protegerla, apoyarla con todo lo necesario y así creciera lo más normal posible. “Nos divertimos muchísimo. Ha sido muy sencillo para mi pequeña niña. Ella tiene opinión y no tiene miedo de hacerlo notar. Se adaptó muy rápido a nosotros, más de lo que esperábamos”. Eso dijo a un reportero. Yo no recuerdo mucho de como fue al inicio. Quizá fue por la edad de mi adopción o porque simplemente no quiero recordarlo. Mi madre fue pionera en el uso de terapias hormonales de crecimiento. Y no dudó en usarlas para empujar a mi cuerpo hacia la pubertad. “Con fe veremos muchos avances. Nos verán en las conferencias y notarán la diferencia entre la mujer que creció gracias a las hormonas y la que no. Podrán comprobar ustedes mismos los grandes cambios y logros”. Eso también lo decía en las entrevistas. Lo que no decía, es que aquellos tratamientos hormonales desbalanceaban mi cuerpo diminuto. Y aunque yo no tenía miedo de hacer notar mi opinión, ella me forzaba a seguir con el tratamiento sin importar las implicaciones. Una vez, al llegar la añorada pubertad, me comenzó a escurrir líquido por los oídos, mis padres asustados me llevaron con un especialista. La solución fue introducir un tubo y drenar todo eso. Escuché al doctor decirle a mi madre que podría padecer problemas cardiacos. Eso no la detuvo. Crecí a base de tratamientos hormonales, agujas, tubos, toda clase de estudios, cardiólogos, genetistas y ginecólogos. Mi casa era una extensión del hospital donde trabajaba mi madre. Toda su carrera e investigación la enfocaba en su hija. Se empeñaba en demostrar que crecería aún más que ella, que sería alguien normal. ¿Tú sabes lo que es crecer así? Es vivir con el dolor del tratamiento, el dolor del propio crecimiento forzado, de los huesos, las articulaciones, los senos, el vientre, la menstruación. Dolía todo por dentro y por fuera. Aparte del dolor físico, también padecí el dolor emocional, al ser examinada desnuda infinidad de veces por decenas de doctores, al ser expuesta como muestra de los logros del tratamiento y, sobre todo, al darme cuenta que a la cabeza de todo, estaba mi madre. Yo era su mayor experimento. Yo era su mayor logro.

¿Pero sabes? Lo valoro. Ahora soy quien soy gracias a ella. Aprendí muchas cosas cuando era niña, aprendí que la perseverancia da resultados, aprendí que gracias a los estudios que mi madre hizo en mí, logró perfeccionar un medicamento que favorece el crecimiento sin los efectos no deseados, sin tanto dolor. Y yo aprendí por mi cuenta que justamente el dolor es lo que me mantuvo despierta. Fue el puente para sobrepasar mis problemas hormonales. Aprendí que el dolor oculta cierta energía que hace reaccionar al cuerpo y a la mente. Me interesó tanto el tema que, al igual que mi madre, me dediqué a estudiar a profundidad el comportamiento del cuerpo, lo que me llevó a doctorarme en bioquímica con especialidad en el dolor.

Llevo años estudiándolo. Con el tiempo comencé a mostrar mis descubrimientos en revistas científicas, a dar entrevistas, a ser invitada en simposios en todo el mundo. Cada escalón a valido el esfuerzo. Hace un año me invitaron a trabajar aquí en Colombia. En una asociación creada específicamente para el estudio del dolor. Hemos logrado tantos avances y ayudado a muchas personas. No te imaginas la cantidad de padecimientos que provocan un dolor terrible. La lucha de la asociación es evitar que los pacientes sufran eso y así permitirles que sus tratamientos sean más llevaderos. Mi lucha personal es otra. Yo deseo encontrar y sintetizar la energía producida por el dolor, si logro condesar esa energía podríamos ofrecerla a todo mundo. ¿Te imaginas? Energía a nivel molecular para despertar al cuerpo, darle fuerzas y empujarlo a una pronta recuperación de cualquier enfermedad. Por supuesto que los altos mandos están muy interesados en la investigación y me han facilitado todo lo que les he pedido; equipo de punta, este genial laboratorio construido debajo de las instalaciones, y total privacidad. Me fastidia ser interrumpida y tampoco sería bien visto distraer a mis colegas y sus pacientes.

Aquí es donde entras tú. Por eso estas aquí, para ayudarme a encontrar esa energía. Tú y las otras personas que han colaborado conmigo serán parte de un gran descubrimiento científico. Beneficiarán a millones de personas. He avanzado bastante pero aún no encuentro el punto exacto donde se produce la energía. Sé que estoy cerca, lo presiento. Puede ser que contigo por fin lo descubra. Así que, por favor pido comprendas mi labor y lo que estoy investigando. Quisiera que fuera de otra forma, pero desafortunadamente, no he descubierto otro camino para producir la energía del dolor, que provocar el dolor mismo. Todo gran logro requiere un sacrificio. Estas amarrado en esta silla, es importante que no te muevas. Tengo centenares de censores conectados en tu cuerpo. Con ellos podré escanear cada huella del dolor. Es primordial que permanezcas quieto para no alterar las lecturas. No me gusta que los resultados salgan erróneos. Detesto reiniciar el sistema y comenzar de nuevo con las pruebas. En esta primera fase encajaré un cuchillo entre la uña y el dedo. No reprimas ningún indicio de dolor. Por favor grita.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *